No sirve de nada que me den la razón por una conversación mantenida hace meses.

Mientras las noticias sobre el terremoto de Japón (el de 9 grados Richter, no las más de 100 réplicas) y el posterior tsunami se han limitado a mostrarnos imágenes de sus consecuencias, los comentarios que he oido han sido los lógicos ante ante la capacidad destructora de los fenómenos naturales y de asombro ante el comportamiento educado y cívico de los japoneses (horas haciendo cola para conseguir agua sin que nadie grite o se altere, ausencia de pillaje aprovechando la destrucción y el estado de shock de los ciudadanos, reducción voluntaria del consumo de energía eléctrica, etc)

Sin embargo, el tema de la central nuclear de Fukushima provoca comentarios más viscerales  dependiendo de que se defienda o no el uso de la energía nuclear. Algunos de mis contertulios del café de la mañana se están convirtiendo en auténticos expertos en el asunto (yo también me informo aunque no llego a su nivel), todo es muy técnico, muy objetivo, muy calmado, hasta que les toco las narices diciendo "Nucleares no, gracias!". Entonces algún indocumentado me dice que nadie podía prever un terremoto de semejante magnitud. "¿En dónde no se podía prever? ¿En Japón, el país mejor preparado para soportarlos?". La conversación, obviamente, sube de tono y el mismo sujeto la zanja con esta sentencia: "Lo que pasa es que los izquierdosos estáis en contra de la energía nuclear y aprovecháis la más mínima circunstancia..."

Llegados a este punto de no argumentación, me desentiendo de la colección de lugares comunes y ataques "ideológicos" que conozco de discusiones anteriores. El tema de la energía nuclear sale con frecuencia cuando dos de mis amigos y yo le damos un repaso al mundo y a las noticias en esas cenas en las que hablamos y nos desahogamos del mundo,  en escala doméstica o a gran escala. El mismo día de la tertulia con el indocumentado, uno de estos amigos me dice "Tenías razón en lo de las centrales, no todo se  puede controlar...  Pero...." Esa segunda parte da igual, es sólo afán de discutir y volver sobre ese mito tecnológico de las sociedades avanzadas..

En un reportaje sobre japoneses residentes en España hay un dato que me llama la atención:  los padre de una de estas personas sufrieron el bombardeo de Hiroshima y, aunque están sanos, ella no puede dar este dato cuando contrata un seguro médico porque no se lo harían.

Estos días me acordaba, como muchos, seguro, de un episodio  de los Sueños de Kurosawa (http://www.youtube.com/watch?v=OxA-EW-S7pU), de ese "Nos dijeron que la energía nuclear era segura", pero el reportaje con ese dato  sorprendente me trajo a la memoria una película que casi había olvidado, Lluvia negra,  de Shohei Imamura.  Las víctimas sufren, además, el rechazo y la desconfianza.