Ayer ,en el trabajo, tuve una revelación, mejor dicho, tuve dos re-revelaciones; a saber: 1.- que los vampiros existen, y 2.- que a la gente le gusta clasificar a los demás en grupos que, básicamente, se reducen a dos "ellos" y "nosotros". Había olvidado que el mundo laboral se rige, en el día a día, por esas clasificaciones simplistas. Esto, que en otro momento me hubiera servido para hacer algún chiste sobre la marcha y descolocar a mis colegas, ahora me resulta penoso.
Esos vampiros quejumbrosos, criticones, halagadores o exigentes, que revolotean alrededor de mi mesa para contarme por enésima vez lo injusto que es el jefe (que sí, a veces lo es), lo prepotente que es el otro, lo maleducada que es la otra ... y los "otros", los que te cuentan lo mal que trabaja uno, lo gandul que es el otro, las obscuras intenciones por las que la gente hace o dice una cosa y se calla otras y lo fantásticos que son ellos. Todos hablan de todos y no hablan bien. Hace mucho tiempo que me desligué de ciertas personas por ese motivo pero, aún así, no me libro de oir comentarios. Hay gente que me agota con su mera presencia, no digamos ya si abren la boca. Creo que ese fenómeno, ese tipo de personas tiene nombre :"vampiros de energía".
En todas partes cuecen habas, dice el refrán. Algunos de mis amigos cuentan cosas parecidas y aunque todos intentamos ponernos a salvo y evitar esas compañías, la mayor parte del tiempo tenemos que convivir con los demás. A veces creo que permanecer mucho tiempo con las mismas personas en la oficina es poco recomendable, que habría que cambiar cada dos o tres años de departamento Lástima que mis jefes no opinen lo mismo.
Pero hoy es el primer día de mis ansiadas vacaciones de verano, de los pocos días que aún me quedaban por disfrutar, así que he aprovechado para levantarme sin oir el desagradable pitido del despertador y para planificar tareas ineludibles. La semana que tengo por delante tiene que permitirne, entre otras cosas, descansar y desconectar del trabajo, pasear, leer, conversar con vosotros... y comprar una ristra de ajos que me proteja de los vampiros :)
No se me da bien repartir culpas así que no sé si primero estoy baja de defensas y de ánimo y por eso me resfrío, o me resfrío porque sí y las defensas y el ánimo se resienten. Un clásico ésto de qué fué antes, si el huevo o la gallina. Tres resfriados en lo que va de otoño está más que bien, a este paso superaré mi mejor marca (5 el otoño pasado). Y los fabricantes de pañuelos de papel me harán un homenaje.
Pues eso, que estoy un poco "zombi", viendo el mundo a cámara lenta y aún más lenta de pensamiento.
3 resfriados, un mucho de estrés laboral, el viento que me ha desordenado las neuronas, el otoño y la falta de luz ... Prometo recuperarme.
Cuando entro en una sala de cine ya sé que me van a contar una historia (real, tergiversada, fantástica, conmovedora, crítica...), que puede, o no, gustarme el argumento, la interpretación, los decorados, el punto de vista del director ... Salvo que el director presente una película con mensajes para mi indefendibles ( (justificar la tortura, el asesinato, la opresión de grupos o personas por motivos de raza, sexo, religión...), paso de insultarlo, pero tampoco creo que se diera el caso porque, si defendiera una idea para mi injustificable, con toda seguridad no iría a ver la película.
El domingo pasado fuí a ver "Agora" y al salir del cine, en un arrebato para mí incomprensible, una persona se puso a despotricar del director sin que en todo el discurso hubiera una sola razón que yo encontrara lógica, o que tuviera algo que ver con la realización de la película: que si odiaba a los cristianos, que si su condición sexual, que si estaba resentido con los curas ... Dos días después, una compañera de trabajo me dice que no verá la película porque ya sabe que ponen verde a la Iglesia y la critican sin piedad, siguiendo la moda; otro me dice que la historia tampoco es para tanto.
¿?
Definitivamente me he vuelto tonta porque viendo la película no saco conclusiones sobre la vida del director, no me había dado cuenta de que estuviera de moda criticar a la Iglesia (que tampoco. es que haya que hacer mucho esfuerzo con las instituciones, sean cuales sean) y creo que conocer la historia de alguien cuyo único delito es pensar y defender la razón, sí es para tanto. Es interesante este tema de la toleracia o intolerancia, tanto la de los espectadores como la de los grupos de que se habla en la película.
Curiosamente, no he oido ningún comentario sobre la veracidad o licencias históricas que pudiera tener la película. Por si alguien tiene gana de curiosear, dejo el enlace de santa Wiki.
El domingo caminaban delante de mí dos críos de unos 10-11 años, hablaban del cole y de su veraneo, y de pronto uno de ellos, el que parecía más tranquilo al hablar, con cierto aire ensoñado, le dice al otro "¿Te acuerdas de cuando éramos pequeños, qué bien lo pasábamos en la playa?".
A la sonrisa inicial ha seguido la sorpresa, o tal vez ha sido al revés. He pensado si con un "pasado" tan corto se puede sentir nostalgia y me he asustado un poco de la "adultez" (Mafalda dixit) de este pensamiento sobre los sentimientos que pueden tener los niños.
Ayer, en el trabajo, hablaban acerca de un programa de tv que se iba a estrenar y que tenía como tema la escuela de los años 60; algunos de mis compañeros tenían curiosidad por ver qué cuentan de esa época en que éramos unos críos, hoy me han dicho que se trata de un "reality" bastante ridículo.
Casi de esa época, o de unos años antes, es una colección de libros escolares que semanalmente vende un diario regional (no sé si con éxito o no) y oigo que la serie "Cuéntame" es la más vista de todos los tiempos televisivos.
Está claro que los que tenemos cierta edad (aunque según Iñakito seamos unos yogurines) podemos ser presa fácil de ese negocio de la nostalgia, y hasta me parece bien que ya de mayor alguien se compre el meccano que no recibió por reyes, el "Hazañas bélicas" que nunca pudo tener, o disfrute viendo en una serie de televisión cómo era la vida cotidiana de una familia media hace más de 30 años porque le trae recuerdos agradables de su infancia o de su juventud.
Esto no pasaba de ser un pensamiento hasta que esta mañana, ante una manifestación sindical que reclamaba un trabajo decente y que la crisis la paguen quienes la han provocado, alguien de mi oficina ha dicho "¿Es que no pueden dar el coñazo en otro sitio?".. Entonces sí he sentido nostalgia.
Hay ratos que no sé si vengo o si voy y éste es uno de ellos. Seguramente tiene que ver con las vacaciones incompletas que he disfrutado, suficientes para comprobar lo bien que sienta el descanso e insuficientes para desconectar completamente de la rutina diaria. En el reencuentro con los amigos hay temas como la preocupación por el puesto de trabajo, la crisis, los problemas de salud, el estrés... que han ocupado más tiempo que el que suelen (solemos) dedicar a hablar de las vacaciones, la familia, los viajes o las lecturas que se dejan para cuando se tiene "más tiempo". Y pensando en esa reiteración de las cosas, incluidos mis comentarios sobre el tema, me doy cuenta de que eso es lo normal , parece casi inevitable, estar preocupados y desear un cambio en la situación pero, a la vez, temerlo. Lo malo es que ese ánimo apesadumbrado se contagia un poco (o un mucho, en según qué casos).
Y para que la rentrée no sea muy traumática, he aprovechado una fiesta local y me he ido con Almagra a descansar la vista en la superficie pulida del mármol. Nos escapamos de una aglomeración en nuestra ciudad y temía encontrar otra en el museo. Pero, sea porque era un día entre semana, porque entramos casi a la hora de comer o porque la gente pasa rápido, mirando sin ver, lo cierto es que disfrutamos La Belleza del Cuerpo con muchísima tranquilidad. ¿Qué decir de todo lo que vimos? Sí, comentamos algunos detalles, hicimos alguna broma, sonreímos ante una cabeza de Medusa, miramos y volvimos a mirar algunas obras desde todos los ángulos posibles ... y me tomé ,creo que ella también, todo el tiempo que quise para ver, en silencio, que es como mejor veo. Y de todo ésto, una vez más, tengo que decir que los viajes con Alma son siempre relajados y agradables.
El otoño se adelantó y parece que se han instalado, ruidosamente, entre granizos y tormentas invitándonos al recogimiento y , a mí, sentándome delante del ordenador para comprobar que hace tiempo que no escribo y que muchos de vosotros seguís de vacaciones (¡¡¡Nicky!!! ¿Dónde estás?) o con pocas ganas o poco tiempo de escribir.
Con gusto me hubiera quedado como ellas, quieta en un sitio, contemplando la puesta de sol sin decir ni palabra ...
Mi primera semana de vacaciones no ha sido precisamente una semana de descanso sino un ir y venir contínuo, muchos kilómetros y calor. No estaba en las mejores condiciones para saborear la estancia ni me sentía con el ánimo alegre con que (casi) siempre comienzo los viajes pero no ha estado mal, de todo se aprende y yo he vuelto con el firme propósito de no repetir errores (léase decir que no a algo si lo que necesito es descanso).
A pesar de todo eso, la desconexión con la rutina laboral ha sido casi perfecta (¡¡¡dos llamadas desde el trabajo para aclarar algunos temas!!!!)
y vuelvo encantada de ver un paisaje tan distinto al de aquí: bosquecillos y llanuras amarillas de cereal. Y cigüeñas, que no sé si miran a poniente para emigrar o si residen habitualmente en la ciudad.
En las últimas semanas, a través de correos, noticias en los medios de comunicación y comentarios en la oficina, oigo hablar mucho del peligro de las redes sociales y los adolescentes. Confieso que tengo una idea muy vaga de lo que son las redes sociales ("algo que pasa o tiene que ver con Internet") ; según me explicaba un compañero de trabajo es algo así como un club, formado por varios blogs, en el que es preciso estar registrado y en el que la gente comparte lo que quiere (o sea, como en el propio blog). Parece ser que el problema está en que hay gente que suele facilitar todo tipo de datos personales (nombre real, gustos, intereses, estudios, trabajo...) y la red acaba convirtiéndose en un gran patio de vecinos cotillas.
Hasta ahí bien, entiendo que cada uno cuenta lo que quiere, pero parece que el problema es que circula más información personal de la que cada uno da, pues te encuentras con conocidos, amigos de la infancia o la adolescencia que también aportan información que quizás no quisieras que fuera del dominio público. Este compañero me contaba que había averiguado muchas historias sobre amigos, vecinos, colegas...
Me ha parecido terrorífico, más aún después de que me llegara este vídeo.